miércoles, 3 de julio de 2013

SITUACIÓN CRÍTICA DEL LITORAL DE CHIMBOTE POR EROSIÓN MARINA DE LA BAHÍA EL FERROL

Situación crítica del litoral de Chimbote por erosión marina de la bahía “El Ferrol”


Blg° Rómulo E. Loayza Aguilar




La bahía “El Ferrol”, localizada en Ancash (Perú), denominada “La Perla del Pacifico en los 50’ por sus excelentes cualidades paisajísticas y su elevada diversidad y abundancia biológica, fue la que posibilito el asentamiento de los primeros colonos huanchaqueros y con ello el desarrollo de Chimbote. Esta bahía significo para sus habitantes fuente de abundantes alimentos marinos, excelente fuente recreacional, y por encima de todo esto, fuente de inspiración creativa y fuerte identidad ciudadana. Cuenta la historia que los vecinos más notables de los primeros años ’50, liderados por su entonces Alcalde, el Ing° Oscar Arciniega, estaban convencidos que con la construcción del “Hotel Chimú” (entre 1945 y 1949), la bahía estaba destinada a promover el desarrollo de la ciudad en base al desarrollo turístico industrial.

No obstante las cualidades incomparables de la bahía “El Ferrol” frente a otros escenarios de la costa peruana y las pretensiones con visión de futuro, a mediados de los 50’, se inició en su litoral el desarrollo de las industrias más grandes del país: pesquera y siderúrgica, que propiciaron a su vez un crecimiento exponencial de la población humana, con seguridad una de las más notables en la historia del Perú. Como se conoce, dada la magnitud con la que contribuía la producción de harina y aceite de pescado y en la producción de acero, Chimbote llego a ser calificado como el Primer Puerto Pesquero del Mundo y Capital del Acero, sin embargo, no se había tomado en cuenta que esta destellante situación solo era coyuntural, ya que este “desarrollo” se realizó embargando el futuro de las generaciones de ahora, ya que originaron un proceso de contaminación, también con seguridad el más notable de la historia del Perú. De pronto frente al litoral de la bahía funcionaban 48 fábricas de producción de harina y aceite de pescado y conservas de pescado, todas ellas disponiendo sus efluentes cargados con trozos de pescado, escamas, sanguaza, agua de cola y aceite, directamente a la bahía. La empresa siderúrgica por otro lado, también disponía su efluente con grandes volúmenes de fierro y metales pesados directamente a la bahía. Aun cuando las actividades industriales generaron una gran cantidad de dinero circulante, las aguas domesticas también se comenzaron a disponer, como hasta ahora, directamente a la bahía. Paralelamente al proceso de contaminación indiscriminada, surgió mucha infraestructura portuaria, sin orden o atendiendo al sentido común: se construyó un molón y gran cantidad de muelles en toda la zona centro-norte, algunas fábricas invadieron la zona de playa, se instalaron muchas tuberías en la zona de playa, etc.




La configuración cerrada y no profunda de la bahía, que naturalmente le otorgaba cualidades de singularidad, se convirtió en el factor que contribuyera a su precipitada perturbación: las enormes cantidades de materia orgánica derivados de la industria pesquera y los metales provenientes de la industria siderúrgica, quedaron atrapados en su interior, lo que originó la desaparición de la riqueza biológica al cambiar radicalmente la calidad de sus aguas y del fondo, desaparecieron sus cualidades escénicas y recreacionales, y ahora contamos con aproximadamente 53 millones de metros cúbicos de sedimento, que en algunas zonas superan los 2,5 m de profundidad. La cantidad y desordenada infraestructura portuaria, el parqueo de embarcaciones, altero la dinámica marina, originando con ello un proceso erosivo.

De los problemas detallados, la erosión es el que merece mayor atención, ya que ha significado la pérdida en promedio de 150 m de playa y ahora perdida de continente con la destrucción de infraestructura urbana, deportiva y de servicios; poniendo en riesgo a más de 10000 habitantes de las zonas de Malecón Grau, Miramar, Florida Baja, La libertad y Trapecio.

El ingeniero Leopoldo Gonzáles, ex alto funcionario de la empresa del agua y alcantarillado de Chimbote, señalo en algún momento que en 1974 la erosión era evidente, y que entre 1976 y 1977 se construyó el enrocado entre las avenidas G. Moore y J. Gálvez (casco urbano de la ciudad), enrocado que fuera reconstruido recientemente y que ahora se proyecta hasta el Jr. Ancash, al sur de la Plazuela “28 de Julio”. Para la construcción del primer enrocado, Livesey & Henderson determinaron que entre el varadero INASSA y la plaza “28 de Julio”, la velocidad de erosión entre 1969 y 1971 en promedio fue de 5 m año-1. Entre los años 1997 y 2004, estimaciones hechas por el autor del presente nota, se calculó que la velocidad de erosión frente a la plazuela “28 de Julio” era de 10-12 m año-1. Actualmente el proceso erosivo sigue magnificándose y se encuentra en el frente de la zona urbana de toda la población centro de la bahía, llegando hasta el frente de Petro Perú en el “27 de Octubre”, al sur de la ciudad. Esto podría significar el enrocar todo este tramo del litoral de la bahía, a fin de proteger las viviendas y defender la salud e integridad física de las personas, sin que ello signifique la solución definitiva del problema, ya que el enrocado alienta el proceso erosivo, tal como se puede apreciar en las rocas del reciente Malecón Grau, que progresivamente se están abriendo y desestabilizando.

Los impactos que se producen producto del proceso erosivo, y que se observa desde 1990, son de varios tipos: a) la destrucción de viviendas, como las que estuvieron ubicadas inmediatamente al sur de la plazuela “28 de Julio”, lozas deportivas, infraestructura de servicio de agua y desagüe instaladas a lo largo del litoral, centro educativo como el República de Francia, fabricas, como Fakiu, etc., b) la enorme producción de spray marino, generado al reventar las olas sobre el enrocado, ahora mucho más grandes que en los años ’50, y exacerbado en momentos de oleajes anómalos, origina que toda la zona litoral se encuentre bajo esa “ducha” de agua marina, c) el spray marino, impacta a las estructuras de las viviendas por corrosión de los ladrillo, concreto armado y los fierros, poniendo en serio riesgo estas estructuras y la integridad física de las personas que las habitan, frente a un eventual movimiento sísmico, d) el spray marino también está originando problemas bronco respiratorios en las personas que habitan casas construidas precariamente en esta zona, en el que la mayoría son de baja condición económica, e) en tanto las aguas domesticas en la ciudad se descargan crudas directamente en la bahía, a través de buzones colectores y una serie de drenes a lo largo del litoral, todo el material orgánico al entrar en la dinámica del oleaje, se dispersan con el spray marino y obviamente se constituyen en riesgos sanitarios para la salud de la población en la zona de influencia del spray, incluidas las que se ubican y transitan por el Malecón Grau.

Para contener el proceso erosivo, desde hace más de 20 años se comenzó disponiendo grandes cantidades de desmonte en el frente de playa de la plazuela “28 de Julio”, situación que en estos últimos años se ha incrementado, no solo en cantidad, sino en extensión, ya que ahora se dispone de este material hasta el barrio Trapecio, habiéndose convertido en un crónico círculo vicioso, ya que la acumulación de este material por acción del oleaje y las mareas, en muy breve tiempo quedan debajo del mar. Por otro lado en varios tramos del litoral actualmente se vienen colocando rocas, que también correrán el mismo destino.

El riesgo que actualmente resulta preocupante es porque en algunos tramos frente al barrio La Libertad, el mar, al 5 de junio del presente año, se encontraba apenas a 10 m de las viviendas, separadas por escombros de la construcción. En tanto todo el litoral no enrocado requiere de este tipo de material para contener el proceso erosivo, podría llegar el momento en el que la cantidad no sea lo suficiente, y muchas viviendas correrían el riesgo de ser destruidas.

Actualmente se cuenta con un Plan de Acción para la recuperación de la bahía “El Ferrol” propuesto por la Comisión Técnica Multisectorial de Alto Nivel para proponer la recuperación y manejo ambiental de la bahía (CTM), designada con DS 005-2002-PE, y para ejecutar dicho Plan se cuenta con la Comisión Técnica de Trabajo, designada por el Gobierno Central con RS N° 004-2012-MINAM, que viene trabajando desde hace aproximadamente 1 año; sin embargo, la situación sumamente critica derivada del proceso erosivo, requiere como primer paso una decisión política urgente para solicitar que la bahía se declare en emergencia, que a no dudarlo debe ser de mera responsabilidad del Alcalde de la Municipalidad Provincial del Santa. Se requiere que el Señor Alcalde de la Provincia del Santa además lidere el proceso para lograr la declaratoria en emergencia, convoque a un grupo de técnicos a fin de proponer e implementar las medidas urgentes que el caso amerita, como por ejemplo: a) mapear y retirar toda la infraestructura que entorpece la dinámica marina, como muelles, tuberías, etc., b) reubicar a las familias sometidas a impactos y riesgos, c) evaluar una mejor alternativa que el enrocado o la colocación de desmontes para contener el proceso erosivo, d) retomar los estudios sobre la dinámica marina, a fin de identificar y ponderar las causas responsables del proceso erosivo y des este modo establecer técnicamente las acciones que finalmente deben permitir la recuperación ambiental de la bahía. Obviamente que estas actividades significan la inversión de mucho dinero, para lo cual se la declaratoria en emergencia debe servir para disponer del financiamiento necesario, que podría provenir del Gobierno Central y de modo particular del Gobierno Regional de Ancash.

La bahía “El Ferrol” sobre todo en su actual condición, no puede estar al margen del interés político y administrativo de la ciudad, de allí que las aspiraciones de toda la población por recuperarla, deben definidamente estar lideradas por el Señor Alcalde de la Municipalidad Provincial, como ya ha ocurrido con la recuperación de la bahía Talcahuano en Chile, en donde ahora su población se siente reconocida por la actitud política adoptada en su momento.





lunes, 24 de junio de 2013

EL MANEJO DE CUENCAS

Por la irregularidad de la superficie terrestre, las aguas que precipitan sobre ella fluyen o drenan en distintas direcciones, siguiendo el desnivel. La región o área de drenaje en que se recogen las aguas de lluvia y que fluyen hacia quebradas, arroyos y ríos, y que a su vez fluyen hacia lagos o mares se conoce como cuenca. El límite de una cuenca está definido por accidentes geográficos conocidos como divisoria de aguas, o sea, el borde superior más allá del cual las aguas fluyen en dirección opuesta, hacia otra cuenca.


La cuenca hidrográfica es una área de la superficie terrestre cuyo desagüe superficial confluye en un río principal. Así hablamos de la cuenca del río Rímac o de la cuenca del río Amazonas. La cuenca, en estos casos, tiene subdivisiones o subcuencas. El río Amazonas es la cuenca 1; el río Ucayali es la subcuenca 2; el río Tambo es la subcuenca 3; el río Ene es la subcuenca 4; el río Perené es la subcuenca 5; el río Paucartambo es la subcuenca 6; el río Entaz, que pasa por Villa Rica, es la subcuenca 7, etc.


¿QUÉ ES UNA CUENCA?             
Una cuenca constituye un sistema interdependiente donde lo que se hace mal o bien en la parte superior influye forzosamente en la parte inferior de la misma. Si en la parte superior se destruye la vegetación y se erosionan los suelos, las aguas de la zona inferior estarán sucias y con crecidas desastrosas. Si en la parte superior se vierten los relaves mineros, las aguas de la parte baja estarán contaminadas con sedimentos y elementos tóxicos para los seres vivos.

La cuenca es un factor que se debe tener en cuenta en la planificación del desarrollo integral de una región, especialmente en los aspectos referentes al uso del agua y, en general, a la explotación racional de los recursos naturales. El equilibrio ecológico regional está íntimamente ligado a la estabilidad de las cuencas.


El deterioro de las cuencas hidrográficas se ha convertido en uno de los problemas ambientales, sociales y económicos más importantes del mundo y de nuestro país, especialmente en la Costa, en la Sierra y en la Selva Alta. La tala de la vegetación y la contaminación están deteriorando el recurso agua de cuencas enteras, ocasionando costos y pérdidas importantes en infraestructura, vidas humanas y de inversión adicional.

Por ejemplo, en las vertientes occidentales andinas se construyen represas para almacenar agua y abastecer a la agricultura durante las épocas de escasez. Las represas se llenan o colmatan de sedimentos y su capacidad de almacenamiento de agua disminuye. Este proceso es acelerado cuando en la parte alta no se toman medidas de control de la erosión para desacelerar el proceso de colmatación. La represa de Poechos (río Chira, Piura) ha perdido en 17 años la cuarta parte de su capacidad de almacenamiento, que ha disminuido de 1,000 millones de m3 a 750 millones de m3. Esto significa que en 51 años más esa represa quedará reducida a un inmenso pantano y con muy escasa capacidad de almacenamiento.

EN CONCLUSIÓN            
En consecuencia, las cuencas deben ser manejadas con alta responsabilidad para evitar problemas graves en el presente y en el futuro. Este manejo responsable es de especial urgencia en aquellas áreas donde la escasez de agua es uno de los factores limitantes, como sucede en la Costa y en la Sierra. El manejo de una cuenca implica acciones importantes:

1. Planificar el desarrollo con una visión integral de la cuenca, teniendo en cuenta los impactos en todo el ámbito de la misma.

2. Tomar medidas muy estrictas para conservar o restituir la cobertura vegetal en toda la cuenca, pero especialmente en las partes altas, para controlar la erosión.

3. Evitar la contaminación de las aguas en toda la cuenca, porque implica serios problemas para la salud de las personas y costos de la producción.

lunes, 4 de marzo de 2013

El agua como eje de desarrollo económico sostenible

 
 
El agua es vital
 
Recurso. Marzo es el mes del agua y el mensaje debe ser cuidar los ríos y otras fuentes hídricas en calidad y cantidad, pues más de 5 millones de peruanos no cuentan con agua potable. Debe también servir para el desarrollo productivo.
 
Se acabaron los carnavales de febrero, pero desde el 1º de marzo empezaron las actividades por el Mes del Agua, recurso que sostiene la vida de 30 millones de peruanos y genera desarrollo socioeconómico, pero que aún no se valora en su real dimensión.
Según el INEI hasta setiembre del 2012, el 83,1% de los hogares del país se abastecían de agua mediante red pública, lo que significa que más de 5 millones de peruanos aún no cuentan con agua potable.
En el área urbana el 91,4% de los hogares contaban con agua por red pública, mientras en el ámbito rural solo el 58,2% tenían este servicio.
Pero además está la necesidad de las actividades productivas desarrolladas en el país como la agricultura, la minería, la industria y la pesca, que tienen como sostén principal el agua que fluye en los 1.007 ríos y 12.201 lagos y lagunas que existen en el Perú.
 
Sin embargo, aún no se toma conciencia de la importancia de la preservación y el manejo racional del recurso hídrico, sobre todo ahora que el cambio climático perturba el período de lluvias (diciembre-marzo).
"A pesar que el agua es un recurso renovable, por los fenómenos climáticos que está originando el calentamiento global es cada vez más escasa y de menor calidad, debido a la contaminación generada por las actividades del hombre", señala Javier Carrasco, especialista en temas hídricos.
Debe considerarse que la demanda de agua aumentará exponencialmente, por el uso de la población de las ciudades y de las industrias extractivas, siendo necesario que se preserven las fuentes hídricas tanto en su calidad y cantidad.
Tarea compleja porque en el Perú la disponibilidad de agua (1.768.172 millones de metros cúbicos) es asimétrica, ya que en la vertiente del Pacífico (ríos que van de la sierra a la costa) sólo está el 2,18% del recurso, pero alberga al 66% de la población nacional y los extensos valles agrícolas que abastecen de alimento al país, con cultivos que requieren altas cantidades de agua como el arroz.
Pero en la vertiente del Atlántico (ríos amazónicos) está el 97,27% del agua del país, pero en esta región sólo habita el 30% de los peruanos.
Este panorama debe empujar a tener una eficiente gestión del agua, no sólo con campañas para cerrar el caño y no desperdiciarla, sino a través de una estrategia de manejo integral de las intervenciones humanas en las cuencas hidrográficas (territorio drenado por un río o afluente hídrico).
 
En el Perú existen 159 cuencas hidrográficas, distribuidas en costa, sierra y selva, cada cual con sus propias características, problemas y posibilidades, pero todas deben tener un plan integral de gestión para asegurar el abastecimiento del recurso a las poblaciones aledañas e industrias conexas.
Tradicionalmente las obras hidráulicas y el manejo de los recursos naturales se planificaron para favorecer el desarrollo de los valles costeros, donde están las principales ciudades y actividades económicas, descuidando a las poblaciones y comunidades de las partes media y alta de las cuencas.
 
Un punto crucial en la gestión del agua es la protección de las cabeceras de cuenca, pues allí nacen los ríos, arroyos y afines, ejecutando acciones y obras como la construcción de reservorios y zanjas de infiltración para almacenar las aguas de lluvia, además de reforestarlas masivamente.
También debe tomarse en cuenta que si la agricultura consume el 86% del agua disponible, hay que promover la tecnificación del riego, pues en la costa se riegan unas 800 mil hectáreas, de las cuales menos del 10% dispone de ese sistema (reduce las pérdidas de agua hasta el 30%), pero el resto lo hace con el riego tradicional (70% de agua desperdiciada).
 
CALIDAD DEL AGUA
 
Otro aspecto fundamental es cuidar la calidad del recurso hídrico, pues es evidente que donde se desarrollan actividades productivas se vierten aguas contaminadas al mar, ríos y lagos, sin ningún compromiso de remediación por parte de mineras, empresas prestadoras de servicios, industriales y hasta agricultores que usan excesivamente  agroquímicos.
Pero no solo la industria extractiva contamina el agua, también las poblaciones de las partes altas y medias de las cuencas que arrojan basura a los ríos, sin tomar en cuenta el perjuicio para los habitantes de abajo.
 
Y esto no sólo se explica por la falta de una cultura de cuidado del agua, sino también por una mala gestión de las municipalidades en el recojo de la basura, que no contemplan en sus planes anuales la habilitación de rellenos sanitarios y plantas de procesamiento de residuos sólidos, y botan directamente la basura a los ríos, principalmente en provincias.
Como es sabido, el agua es la causa de conflictos sociales en el país, ante ello cabe resaltar la importancia de la conformación de los consejos de recursos hídricos de cuencas, donde participan los gobiernos regionales, municipalidades, organizaciones de usuarios agrarios y no agrarios, colegios profesionales, universidades, y comunidades campesinas.
Hasta se han constituido cuatro consejos de recursos hídricos, donde se elaboran los planes de gestión para el desarrollo socioeconómico (sostenible/sustentable)  de cada una de ellas.
 
EN CIFRAS
 
1.768.172 millones de metros cúbicos es la disponibilidad anual promedio de agua en el país.
83,1% de los hogares peruanos tiene acceso al agua potable mediante una red pública.
1.007 ríos discurren por todo el territorio nacional.
3.117 mlls. de nuevos soles serían las pérdidas económicas por desastres naturales, sin la prevención del caso.
 
 
 

lunes, 25 de febrero de 2013

Realizan un mapamundi de la capa freática






Las aguas subterráneas o casi superficiales tienen una gran influencia en el clima
Científicos estadounidenses y de la Universidad de Santiago de Compostela han realizado un mapamundi de la capa freática, es decir, las aguas subterráneas, que a veces rozan la superficie. El mapa incluye los terrenos de los que no hay datos exactos, y permitirá estudiar el clima y el efecto de estas aguas en el mismo.






magen de la profundidad de la capa freática. Las zonas con las aguas subterráneas muy cerca de la superficie (azul oscuro) se corresponden con regiones de grandes extensiones de humedales. Fuente: USC.

 Las aguas subterráneas próximas a la superficie tienen mucha importancia para los ecosistemas terrestres al ayudar a mantener el caudal de los ríos o el suelo húmedo en épocas de ausencia de lluvia, por citar dos ejemplos.

Además, son aspectos con incidencia en el clima. A pesar de su importancia, poco se sabía de la distribución de la capa freática, franja que separa el suelo oxigenado, próximo a la superficie del terreno, de los acuíferos.

Investigadores de la Universidad Rutgers (New Jersey, EE UU) y de la Universidad de Santiago de Compostela (USC) han desarrollado un mapa mundial de la profundidad de estas aguas subterráneas que publica la revista Science.

El trabajo cubre incluso zonas sin datos “para así poder inferir patrones espaciales y procesos a partir de un modelo hidrológico de aguas subterráneas forzado por el clima, la topografía y el nivel del mar actuales”, señalan los expertos en la nota de prensa de la USC, traducida por SINC.

Según sus resultados, entre el 22 y el 32% de la superficie emergida global se encuentra influida por una capa freática poco profunda, incluyendo aproximadamente el 15% de zonas con agua superficial alimentada por las aguas subterráneas, y entre un 7 y un 17% de áreas con la capa freática accesible a las raíces de las plantas.

Estos datos permiten afirmar, según Gonzalo Míguez, investigador de la USC, que la capa freática es lo suficientemente poco profunda en una fracción significativa –de entre el 22 y el 32%– de los continentes como para influir en los ecosistemas terrestres directamente.

Cuando esta capa es poco profunda interactúa de diversas maneras con las zonas superficiales: proporcionando agua a ríos y lagos y manteniendo ecosistemas acuáticos en períodos secos. Asimismo, impide el drenaje del terreno y crea las condiciones de suelo saturado que caracterizan a los humedales, e incluso proporcionando agua a las plantas para la fotosíntesis en condiciones de sequía.

 Principales resultados

 Los resultados del modelo aplicado permiten observar una serie de patrones espaciales a escala global, regional y local. En el primer caso, el nivel del mar es dominante y un cinturón de zonas con aguas subterráneas someras (cercanas a la superficie) rodea los continentes, más ancho allí donde hay llanuras costeras.

En la escala regional, la influencia del clima se manifiesta de manera que las regiones más secas tienden a tener una capa freática más profunda que las húmedas.

A modo de ejemplo, los investigadores señalan el caso de los desiertos destacándolos cómo zonas donde, en general, no hay muchos lugares con aguas subterráneas someras. También apuntan la influencia del terreno, ya que las zonas más llanas, con un drenaje más lento, presentan grandes extensiones de humedales, como la zona de la Amazonía central y otras zonas bajas de Sudamérica.

En el caso de la escala más local, el estudio destaca que la topografía domina a la influencia del clima y así, “debido al flujo del agua subterránea de las zonas altas a las bajas, los valles tienden a presentar capas freáticas poco profundas, incluso en zonas relativamente áridas o desiertos (oasis)”. En conjunto, el investigador de la USC considera que los resultados sugieren que las aguas subterráneas tienen “una extendida y estructurada influencia a escala global en la hidrología y ecosistemas terrestres”.

La capa freática y el clima

Las implicaciones de un mejor conocimiento en torno a la capa freática son múltiples, de las cuales los investigadores han querido destacar su incidencia en el clima.

Los humedales son la fuente principal de metano en la atmósfera, uno de los gases de invernadero más potentes. Además, cuando la energía del sol se concentra en la evaporación de agua del suelo y en realizar la fotosíntesis no se invierte en calentar el terreno y, por lo tanto, las temperaturas en la zona baja de la atmósfera son menores.

En el artículo se presentan observaciones de la profundidad de la capa freática de 1.603.781 pozos, a partir de archivos gubernamentales e información publicada en la literatura científica. Existen datos abundantes de América del Norte y en varios países europeos así como en Australia, pero muy escasa en relación a Asia y especialmente de África.

Para cubrir estas últimas zonas no observadas, los investigadores utilizaron un modelo hidrológico de aguas subterráneas forzado por clima, el terreno y el nivel actual del mar. El objetivo era obtener una imagen global a alta resolución (~1 km), sin tener en cuenta las complejidades geológicas locales, de la profundidad de la capa freática en equilibrio con el clima, la topografía y el nivel del mar, es decir, “en estado natural, sin intervención humana debida a las extracciones para regadío u otros usos”, explica el docente de la USC.

El desarrollo del modelo presentado en la revista Science es fruto de una larga y estrecha colaboración entre la profesora Y. Fan y Gonzalo Míguez Macho, y han contado con apoyo del Centro de Supercomputación de Galicia (Cesga).

 Referencia bibliográfica:

Y. Fan, H. Li, G. Miguez-Macho. Global Patterns of Groundwater Table Depth. Science (2013). DOI: 10.1126/science.1229881

martes, 19 de febrero de 2013

El delicado equilibrio entre las ciudades y el agua de lluvia


 
 
 
 
La complejidad de los mecanismos hidrológicos en los medios urbanos es poco conocida en la región. El tema de hidrología urbana se vincula tanto a la cantidad como a la calidad de agua que debe manejarse durante una tormenta. El rápido crecimiento de las concentraciones urbanas impone una serie de situaciones conflictivas entre sus habitantes y el agua. Uno de estos conflictos es originado por las aguas de escurrimiento superficial por causa de un deficiente sistema de control del drenaje superficial urbano en cantidad y en calidad. El crecimiento urbano desorganizado es la causa más frecuente de catástrofes graves en varias ciudades de América latina.

Varias ciudades de la región presentan condiciones adversas para hacer frente a los excesos de agua durante tormentas prolongadas lo cual impone altos costos a la población para poder enfrentar las situaciones no deseadas. El costo normal de construcción de sistemas de evacuación de aguas de lluvia en zonas urbanizadas es tres a cuatro veces mayor que el de abastecer a la misma zona con agua potable o proveerla de sistemas de tratamiento de desechos sólidos. Construir una tubería de evacuación de aguas de lluvia equivale o supera el costo de una pista de circulación de automóviles.

Debido a esta realidad los enfoques al manejo de aguas de lluvia han evolucionado paulatinamente en los países más industrializados como Francia. En dicho país, a principios del siglo pasado la población urbana asoció la presencia de enfermedades con las aguas estancadas en charcos que quedaban luego de una lluvia. Se desarrolló entonces el concepto de evacuar estas aguas lo más rápidamente posible. Se diseñaron consecuentemente enormes redes subterráneas de colectores de aguas de lluvia o aguas “sucias” después de haber lavado la ciudad.

En Francia, en 1894, se dictó inclusive una ley que se titulaba “todo al desagüe”. En esa época se disponía sólo de una red única de ductos subterráneos para el desagüe doméstico y de industrias y la evacuación de aguas de lluvia.

Entre las dos guerras mundiales se comenzaron a construir plantas de tratamiento de aguas servidas. Estas plantas se veían sobrepasadas en su capacidad al ocurrir tormentas. En ese entonces se optaba por evacuar los excedentes de agua, por sobre la capacidad de las plantas de tratamiento, a los campos vecinos, ríos y lagos bajo el supuesto que estas aguas mezcladas de desagües domésticos, industrias y lluvias se auto—depuraban solas y además los químicos y otros residuos se diluían en la gran masa de agua. Suponían que así se evitaban los riesgos para la salud y el medio ambiente.

A partir de la década de los cincuenta se decide construir sistemas de evacuación de aguas de lluvia separados de los sistemas de desagüe doméstico y en lo posible también independientes de los de zonas industriales. El problema de la evacuación de aguas de lluvia, sin embargo, adquiere dimensiones cada vez más preocupantes. Se percatan primero que el costo de construir los sistemas de drenaje subterráneo son enormes. Además constatan que la gravedad de la contaminación de las aguas de drenaje urbano superficial son tanto o más graves que las de residuos domésticos en particular por la presencia de metales pesados. Los sistemas colectores no hacen más que concentrar esta contaminación en algún punto de salida siendo más grave en ese lugar.

El tema de mantenimiento y operación de los colectores se hace aun más complejo dado que la ciudad, al crecer constantemente, crea nuevas microcuencas urbanas con cada modificación de la superficie debido a la construcción de vías de transporte y edificaciones de todo tipo. Estas microcuencas totalmente pavimentadas en algunos casos responden de manera muy rápida a una lluvia y vierten sus descargas de acuerdo a los cambios de topografía causados por los movimientos de tierra. Los colectores, diseñados para otras condiciones, colapsan por el incremento del agua aportada y colapsan también durante las tormentas por obstrucciones no programables lo cual implica que es necesario tener capacidad de operar el sistema de evacuación con información en tiempo real.

Todo ello redunda en un aumento de costos para evitar inundaciones en zonas habitadas así como en tratamiento de las aguas de escorrentía, sobre todo las “puntas” de agua ("first flush") que vienen con mayor cantidad de residuos químicos y metales pesados.
 
 
La preocupación por encontrar medios para abaratar los costos de manejo de aguas de lluvia tanto en calidad como en cantidad hace surgir la opción de la “detención e infiltración” de estas aguas en todo el trayecto en que escurre. Es decir que la mejor solución encontrada no es en tratar de que el agua de lluvia se evacue lo más rápido posible, si no en detenerla en una serie de lugares como estanques, plazas, jardines y, en general, depresiones controladas con vertederos el tiempo suficiente para que se infiltre una buena cantidad de las aguas. Estos decantadores de agua deben diseñarse durante el proceso de planificación del uso del territorio o, en su defecto, deben habilitarse mediante compra de espacios apropiados para hacerlos. Las agencias de cuenca de Francia, bajo el principio de que debe haber solidaridad entre los usuarios del agua y habitantes de una misma cuenca invierten.
Publicado por.
Mag. Ing.  Fernando  Vàsquez  Perdomo

domingo, 10 de febrero de 2013

El Manejo Sostenible de Suelos



Materia Orgánica, Humus, y la Cadena Alimenticia del Suelo


Comprender el papel que juegan los organ­ismos del suelo es crítico al manejo de suelos sostenibles. Basado en este entendimiento, el enfoque puede ser dirigido hacia estrate­gias que aumenten tanto el número como la diversidad de los organismos del suelo. Igual que el ganado y otros animales domésticos, el ganado del suelo requiere alimento apro­piado. Este alimento viene en la forma de materia orgánica.

Materia orgánica y humus son términos que describen cosas algo diferentes pero relacio­nadas entre sí. La materia orgánica se refiere a la fracción del suelo que está compuesta tanto de organismos vivos como de residuos muertos en varios estados de descomposición. Humus es sólo una pequeña porción de la materia orgánica. Es el producto final de la descomposición de la materia orgánica y es relativamente estable.

La continuación de la descomposición del humus ocurre muy lentamente en ambien­tes agrícolas y naturales. En sistemas natu­rales, se alcanza un balance entre la canti­dad de formación de humus y la cantidad de descomposición de este (Jackson 1993). Este balance también ocurre en la mayoría de los suelos agrícolas, pero a menudo con un mucho menor nivel de humus en el suelo.

El humus contribuye a un suelo bien estruc­turado que, en su turno, produce plantas de

alta calidad. Es claro que el manejo de la materia orgánica y el humus es esencial para sostener el ecosistema total del suelo.

Las mejoras a la estructura física del suelo facilitan el labrado, aumentan la capacidad para almacenar el agua, reducen la erosión, mejoran la formación y cosecha de cultivos de tubérculos, y producen sistemas de raíces más profundos y prolíficos en las plantas.

La materia orgánica del suelo se puede com­parar a una cuenta de ahorro para nutrien­tes de plantas. Un suelo que contiene 4% de materia orgánica en las 7 pulgadas de su superficie tiene 80,000 libras de mate­ria orgánica por acre. Estas 80,000 libras de materia orgánica pueden contener cerca de 5.25% de nitrógeno, para un total de 4,200 libras de nitrógeno por acre.

Si se asume una liberación de 5% durante la estación de crecimiento, la materia orgánica podría suministrar 210 libras de nitrógeno a un cultivo. Sin embargo, si la mate­ria orgánica se deja degradar y se pierde el nitrógeno, será necesario comprar fertilizante para aumentar el rendimiento de la cosecha.

Todos los organismos del suelo mencio­nados anteriormente, excepto las algas, dependen de materia orgánica como fuente de alimento. Por lo tanto, para mantener la población, se debe renovar la mate­ria orgánica de las plantas que crecen en el suelo, con estiércol de animales, abono, u otros materiales importados de fuera del sitio. Cuando los microorganismos se ali­mentan del suelo, aumenta la fertilidad del suelo y el suelo alimenta a las plantas.

Finalmente, fomentar los niveles de mate­ria orgánica y humus en el suelo significa manejar los organismos vivientes del suelo — algo parecido al manejo de la vida sil­vestre o la ganadería. Esto significa traba­jar para mantener condiciones favorables de humedad, temperatura, estado de nutrientes, pH, y aeración. También requiere proveer una fuente estable de alimento de materia orgánica cruda.

 

 

¿Cuáles son algunos de los elementos del buen suelo?

Cualquier agricultor le podrá decir que la buena tierra:

·         se siente blanda y se desgrana fácilmente

·         desagua bien y se calienta fácilmente en la primavera

·         no endurece y hace costra después de plantar

·         absorbe las lluvias fuertes con poco escurrimiento de agua

·         almacena humedad para los períodos de sequía

·         tiene pocos terrones y nada de capa dura

·         resiste la erosión y pérdida de nutrientes

·         soporta una alta población de organismos de suelo

·         tiene buen olor a tierra

·         no requiere aumento de ingresos para lograr una rendición alta

·         produce cultivos saludables, de alta calidad (1).

Todo este criterio indica un suelo que funciona con efectividad hoy y con­tinuará a producir cultivos en el futuro y a largo plazo. Estas características se pueden construir a través de optimas prácticas de manejo en los procesos encontrados en los suelos nativos.
 
 
Las raíces también pueden liberar en el suelo varias sustancias que estimulan los microbios del suelo. Estas sustancias sirven como alimento a organismos selectos.
 

sábado, 2 de febrero de 2013

Nueva cultura del Agua


El agua ha sido considerada comúnmente como un recurso renovable, cuyo uso no se veía limitado por el peligro de agotamiento que afecta, por ejemplo, a los yacimientos minerales. Los textos escolares hablan, precisamente, del “ciclo del agua” que, a través de la evaporación y la lluvia, devuelve el agua a sus fuentes para engrosar los ríos, lagos y acuíferos subterráneos… y vuelta a empezar.
 
Y ha sido así mientras se ha mantenido un equilibrio en el que el volumen de agua utilizada no era superior al que ese ciclo del agua reponía. Pero el consumo de agua se ha disparado: a escala planetaria el consumo de agua potable se ha venido doblando últimamente cada 20 años, debido a la conjunción de los excesos de consumo de los países desarrollados (ver Consumo responsable) y del crecimiento demográfico, con las consiguientes necesidades de alimentos.
La Conferencia de Mar del Plata, Argentina, celebrada en 1977, constituyó el comienzo de una serie de actividades globales en torno al agua que trataban de contribuir a nivel mundial a cambiar nuestras percepciones acerca de este recurso y a salir al paso de un problema grave y creciente que afecta cada vez más a la vida del planeta. Como se señala en el Primer Informe de Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos del Mundo: “De todas las crisis, ya sean de orden social o relativas a los recursos naturales con las que nos enfrentamos los seres humanos, la crisis del agua es la que se encuentra en el corazón mismo de nuestra supervivencia y la de nuestro planeta”. Es necesario recordar a este respecto que aunque el agua es la sustancia más abundante del planeta solo el 2,53% del total es agua dulce, el resto agua salada.
La lista de conferencias y acuerdos internacionales que han tenido lugar a lo largo de las tres últimas décadas resulta ilustrativa de la creciente gravedad de la problemática del agua, situándola en el centro del debate sobre el desarrollo sostenible. Así, en el Segundo Foro Mundial del Agua, reunido en Holanda en el 2000, se alertaba de que la agricultura y ganadería consumían el 70-80% del agua dulce utilizada en el mundo, con una responsabilidad muy particular de las técnicas intensivas de los países desarrollados: “para producir un solo huevo en una granja industrial hacen falta 180 litros de agua: esto es 18 veces más de lo que tienen a su disposición cada día los pobres de la India” (Riechmann, 2003). Conviene saber que para obtener, por ejemplo, un litro de leche se precisan más de 3000 litros y para un kilo de carne más de 10000 litros (!). Ello ha conducido a introducir el concepto de “agua virtual”, que mide el agua necesaria para obtener un producto o realizar un servicio. Así como el concepto de “huella hídrica”, que representa la cantidad de agua que hace falta para sostener la actividad de una población dada y viene a completar el de huella ecológica.
Este crecimiento del consumo ha llevado, por ejemplo, a una explotación de los acuíferos subterráneos tan intensa que su nivel se ha reducido drásticamente. Como advierte Jorge Riechmann (2003), “a escala mundial, algunas regiones agrícolas (como las llanuras del norte de China, el sur de las Grandes Llanuras de EEUU, o gran parte de Oriente Próximo y el norte de África) están extrayendo aguas subterráneas más rápido de lo que el acuífero puede recargarse, una práctica obviamente insostenible”. (…) La sobreexplotación de los acuíferos los daña en muchos casos irreversiblemente, ya por intrusión marina si nos hallamos cerca de la costa (lo que provoca su salinización), ya por compactación y hundimiento de sus estructuras”.
Pero no se trata sólo de las aguas subterráneas: se ha tomado tanta agua de los ríos que, en algunos casos, su caudal ha disminuido drásticamente y apenas llega a su desembocadura, lo cual acaba produciendo irreversibles alteraciones ecológicas:
 
 
Pensemos que muchos peces desovan en el agua dulce que los ríos introducen en el mar y que muchas especies precisan de los nutrientes que esas aguas acarrean. Un caso extremo lo constituye la desaparición del mar de Aral, en el territorio de la antigua Unión Soviética, causada por la desviación de las aguas de los dos ríos que lo alimentaban para irrigar a gran escala el cultivo del algodón, que algunos califican como “la mayor catástrofe ecológica de la historia” (Chauveau, 2004).
Junto a este crecimiento explosivo del consumo del agua se ha producido y se sigue produciendo una seria degradación de su calidad debido a los vertidos de residuos contaminantes (metales pesados, hidrocarburos, pesticidas, fertilizantes…), muy superior a tasa o ritmo de asimilación de los ecosistemas naturales. Son conocidos, por ejemplo, los efectos de los fosfatos y otros nutrientes utilizados en los fertilizantes de síntesis sobre el agua de ríos y lagos, en los que provocan la muerte de parte de su flora y fauna por la reducción del contenido de oxígeno (eutrofización). Unos dos millones de toneladas de desechos son arrojados diariamente, según el Informe de Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos del Mundo, en aguas receptoras. Se estima que la producción mundial de aguas residuales es de aproximadamente 1500 km3 y asumiendo que un litro de aguas residuales contamina 8 litros de agua dulce, la carga mundial de contaminación puede ascender actualmente a los 12000 km3, siendo las poblaciones pobres las más afectadas, con un 50% de la población en los países en desarrollo expuesta a fuentes de agua contaminadas.
La Comisión Mundial del Agua ha alertado además del drástico descenso de los recursos hídricos provocado también por la degradación ambiental y, muy concretamente, por la deforestación y la pérdida de nieves perpetuas fruto del cambio climático: la lluvia ya no es retenida por la masa boscosa, ni tampoco en forma de nieve, lo que favorece la erosión y desertización. En el 2000 las reservas de agua en África eran la cuarta parte de las que existían medio siglo antes y en Asia y en América Latina un tercio y siguen disminuyendo mientras crecen la desertización y las prolongadas sequías. Y denuncia que 1200 millones de personas carecen de agua potable, mientras que a 3000 millones les falta agua para lavarse y no tienen un sistema de saneamiento aceptable.
Tocamos así un segundo problema: el de los graves desequilibrios en el acceso al agua: como promedio, cada habitante de la Tierra consume 600 metros cúbicos al año, de los que 50 son potables, lo que supone 137 litros al día. Pero un norteamericano consume más de 600 litros al día y un europeo entre 250 y 350 litros, mientras un habitante del África subsahariana tan solo entre 10 y 20 litros (Chauveau, 2004). De los 4400 millones de personas que viven en países en desarrollo, casi tres quintas partes carecen de saneamiento básico y un tercio no tienen acceso al agua potable. En consecuencia, en las últimas décadas del siglo XX hemos asistido a un fuerte rebrote de las enfermedades parasitarias asociado a las dificultades de acceso al agua potable y a carencias en los servicios de salud. La mayoría de los afectados por mortalidad y morbilidad relacionadas con el agua son niños menores de cinco años y como señala el informe de Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos del Mundo: “la tragedia es que el peso de estas enfermedades es en gran parte evitable”.